(Fuente: Consumer.es)
El papel de los padres en la educación alimentaria de sus hijos es clave. Su influencia es reflejo, en gran medida, de su propio comportamiento alimentario y de la valoración que hagan de la comida, la selección de los alimentos, su forma de cocinado, el tiempo y el cuidado dedicado a las ingestas importantes del día. La discusión obliga a analizar la responsabilidad de los progenitores y del entorno (abuelos y familiares cercanos, cuidadores, profesores, sanitarios) en el desarrollo de la obesidad en un niño hasta límites críticos para su salud física y mental.
La obsesión de los padres por su peso y el de sus descendientes, la sobreprotección hacia los niños al comer y el uso indiscriminado y erróneo de los premios y castigos con la comida marcan la actitud de los pequeños hacia los alimentos. Éstas y otras cuestiones de comportamiento, unidas a una tendencia genética heredada hacia la ganancia de peso, pueden suponer los cimientos de la obesidad infantil.
Algunos autores señalan que los padres se preocupan en exceso si su hijo come poco, pero no le dan la misma importancia cuando come mucho. Esta conducta mal canalizada se identifica en los padres que incitan a los pequeños a comer más con el convencimiento de que no les falte de nada; les sirven raciones de alimentos exageradas en comparación a la cantidad que necesitan para su edad, sobre todo, en el caso de las proteínas (carnes, pescados, leche y lácteos). Son los padres que sobreprotegen a sus hijos en la cuestión alimentaria, si bien ofrecer más alimentos proteicos de los necesarios es tan poco saludable como no estimular el consumo de fruta y verdura. Igual de negativo es pretender que los pequeños ingieran toda la comida del plato cuando dan muestras de estar llenos.
Los niños muy pequeños más que aprender, imitan. Por ello, es fundamental que los progenitores y su entorno (abuelos y familiares cercanos, cuidadores, profesores, sanitarios) tengan la misma sintonía en la educación de hábitos alimentarios, ya que en la realidad cotidiana resulta difícil. Los abuelos cuidadores tienen una influencia considerable en las costumbres alimenticias de sus nietos. La permisividad de quienes dan de comer de nuevo al niño tras recogerle en la guardería es una costumbre insana.
Obsequiar con chucherías o bollería industrial también es una práctica habitual de los mayores que cuidan de los niños después del colegio. Los abuelos deben hacer todo lo posible para que sus nietos se acostumbren a comer alimentos frescos y naturales, en lugar de chucherías y aperitivos.
Respecto al papel del colegio en la formación y consolidación de los hábitos alimentarios infantiles, los actores son varios y actúan en distinto ámbitos pero con el mismo fin. La asignatura de "alimentación sana" en la enseñanza obligatoria permitiría a los profesores transmitir estos conocimientos, aunque ya en algunos centros escolares se esfuerzan en trabajar este tema de manera transversal y continuada ante el hecho de que la obesidad infantil se debe, en gran medida a la mala educación alimentaria.
El comedor escolar se debe entender también como un servicio educativo complementario, con dietas equilibradas y donde se fomentan buenos hábitos de alimentación. |