Se estima que dentro de unos 5.000 millones de años, el Sol habrá consumido todo el hidrógeno de su núcleo y en un tiempo relativamente breve terminará convertido en una enana blanca. Este cadáver estelar, cuyo tamaño no será más grande que la Tierra, será incapaz de producir energía nuclear.

Durante el proceso de transformación del Sol en una enana blanca, el núcleo primero se contraerá y luego se volverá lo suficientemente caliente como para fusionar helio en elementos más pesados, mientras que sus capas externas se expandirán y enfriarán, convirtiéndose en una gigante roja. El Sol crecerá muchas veces su tamaño actual arrasando con Mercurio, Venus e incluso con la Tierra.
Con la expansión del Sol, la fuerza gravitacional en las capas externas será menor, de manera que la radiación solar empujará el gas hacia el espacio, formando una “burbuja” caliente conocida como una “nebulosa planetaria” que rodeará a la estrella. El movimiento de este gas en el espacio dará origen probablemente a la formación de nuevas estrellas y quizás también de nuevos planetas.
En la imagen siguiente se puede apreciar la nebulosa planetaria NGC 3132

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